
Cuando los veinteañeros de los Indianapolis Colts con los que Philip Rivers comparte vestuario le llaman abuelo, un apelativo ineludible para alguien de 44 años, no es una forma de hablar. Lo es. Cuando recibió la llamada del dueño de la franquicia, Carlie Irsay-Gordon, un año mayor que él, estaba en el confort de Fairhope, en el corazón de Alabama, como entrenador de instituto. Cuando ponía la tele para ver NFL, la liga de la que se retiró en enero de 2021, se hacía la pregunta de muchas viejas glorias: “¿Podría seguir jugando?” Pero era más probable que la respondiera Gunner, uno de sus diez hijos, que él. Dijo que sí, que se sometía al experimento de volver a ser quarterback ante una jauría de defensores que viven para cazarlo. Un mes después, puede volver a casa diciendo que aún podía jugar, pero sin el final de Hollywood. Hasta llegaron a preguntarle qué actor quería para su papel. “Para hacer una película, primero tendré que ganar un partido”. Lo intentó, pero sus tres encuentros —ante lo mejor de la liga— acabaron en derrota. Sus hijos solo le pidieron una cosa: “No des pena”.Más informaciónEn noviembre, los Colts eran uno de los mejores equipos de la NFL —lideraban su conferencia con un balance de ocho victorias y dos derrotas— pero cayó su quarterback titular, Daniel Jones, en las quinielas para el MVP. A su grave lesión, rotura del tendón de Aquiles, se sumó su suplente, Anthony Richardson, con una fractura en un hueso en la órbita del cráneo al golpearse con una banda de resistencia durante un calentamiento. Solo quedaba Riley Leonard, elegido en la sexta ronda del draft. No sobran los quarterbacks de garantías sin equipo a mitad de temporada, así que la franquicia llamó a Rivers, que los llevó en 2021 a los playoffs en su último año en activo para caer en la primera ronda ante los Buffalo Bills. “Pensé que ese había sido el último partido. Y solté algunas lágrimas unos días después. Estaba en paz. He tenido tres partidos más que nunca imaginé y no podría estar más agradecido por la oportunidad”, subrayó tras caer el domingo ante los Jacksonville Jaguars.Rivers entrenaba en la St. Michael Catholic de Alabama y sus números no eran malos: 13-1 esta temporada y 43-15 desde 2022. Los Colts invitaron a sus pupilos al partido del domingo y su extensa familia —con su esposa del instituto, padres o hermano— llevaron al límite el aforo del palco de acompañantes. Alguien con unos valores católicos que le llevaron a ser padre antes de ser elegido en el número cuatro del draft de 2004 por los New York Giants para ser traspasado por el número uno, Eli Manning, hacia los San Diego Chargers. En la franquicia, después trasladada a Los Ángeles, pasó 16 temporadas y es líder en yardas y pases de touchdown, las dos estadísticas clave de un quarterback. Eterno aspirante, lo más cerca que estuvo de una Super Bowl fue en 2008, cuando cayó en la final de conferencia ante los entonces imbatidos New England Patriots de Tom Brady, el precedente extremo de longevidad. Nadie ganó más —siete títulos en 23 temporadas— ni lo dejó tan tarde, a los 45.Philip Rivers, en acción durante el último partido de los Colts.Carolyn Kaster (AP)No son los únicos quarterbacks de Hall of Fame que han extendido sus carreras por encima de los 40 años. Nombres como Brett Favre, Drew Brees o Aaron Rodgers, en activo con los Pittsburgh Steelers, han peleado el título en el ocaso de sus carreras. Pero ninguno se pasó un lustro jubilado. Una de las ventajas del regreso de Rivers es que le permite renovar el seguro que cubre al jugador y a su familia hasta cinco años después de su último partido. Al hacerlo, se ha convertido en el jugador en activo de más edad de la liga. Es la fórmula con la que los Colts intentaron salvar su temporada, pero se han convertido en el primer equipo en 30 años que empieza 8-2 y no juega la postemporada.Lo cierto es que Rivers lo ha tenido por ahora todo en contra para lograr la victoria que le llevara a Hollywood, pues se ha enfrentado a los cuatro equipos más en racha de la liga. Debutó en Seattle ante los Seahawks, con el mejor balance (13-3), en un partido en el que los Colts le pidieron lo justo al recién llegado en un menú ofensivo cimentado con el juego de carrera y los pases justos. Como la defensa hizo su tarea, estuvieron en liza hasta el final y solo perdieron por 18-16. Una semana después, en un partido televisado a nivel nacional en lunes por la noche, ya le dieron rienda suelta al ataque —lanzó 277 yardas, por las 120 del debut— y dio la talla, pero la defensa no pudo con los San Francisco 49ers (12-4), que ganaron fácil: 48-27. Las últimas opciones matemáticas de los Colts para entrar en playoff murieron en la víspera de su partido de la penúltima jornada ante los Jaguars (12-4): la victoria de los Texans les eliminó.Un último baile para Rivers. Pintaba bien, por delante al descanso y en el tramo final del último cuarto gracias a su pase a Mo Alie-Cox, su 425º para touchdown en 247 partidos, probablemente el último. Su siguiente posesión terminó en intercepción en un envío desviado por la mano alzada de un defensor. Los Jaguars agotaron el reloj mientras él esperaba por una oportunidad de remontada en la banda, pero llegó demasiado tarde, con unos pocos segundos y todo un campo por recorrer. En la última jugada, con 48 yardas por recorrer para el touchdown, los Colts sacaron al novato Leonard por asegurar potencia de brazo, que por lo menos el balón llegaba a la zona de anotación. Lo hizo, pero lo cogió la defensa para el 23-17 final. Así que el veterano asume como probable que sea él quien cierre la temporada el domingo en Houston. Y ahí acabará todo. “Volveré a ser entrenador. Seguro que muchos de los que me han visto esta semana piensan que ese es mi sitio”. En todos los partidos tuvo al menos un pase de TD y una intercepción. Ni dio pena ni fue un héroe de Hollywood, pero ganó su batalla particular contra el paso del tiempo.
El curioso regreso de Philip Rivers, el abuelo de la NFL, tras cinco años de retiro | Deportes
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